Revelan los audios de la torre de control previos al trágico choque de trenes en España

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La investigación sobre el catastrófico accidente ferroviario registrado en España ha sumado elementos determinantes tras la difusión pública de las grabaciones entre el centro de control de Atocha y los conductores de los dos convoyes involucrados. Los audios revelan una sucesión de autorizaciones erróneas y desatenciones flagrantes a los protocolos de seguridad vigentes minutos antes de la colisión, la cual dejó un saldo de al menos 68 víctimas fatales y más de 150 personas heridas, entre ellas una ciudadana Argentina identificada como Ana Martina Conte Grand, de 29 años.

El material sonoro permite reconstruir con precisión cronológica los intercambios sostenidos por el operador de turno con el maquinista del tren de alta velocidad AVE de Renfe (formación 2080) y con la conductora del convoy perteneciente a la empresa Iryo (formación 6076). El registro documenta cómo se impartieron instrucciones que contradecían las pautas esenciales de prevención técnica ante fallas en los sistemas de señalización y guiado automático.

La cronología crítica de las comunicaciones

El primer contacto relevante quedó registrado a las 8:36 de la mañana. En esa instancia, el controlador del puesto central de Atocha se comunicó con el maquinista del tren 2080 de Renfe para indicarle que desconectara y volviera a enlazar el sistema LZB de control de velocidad, instruyéndolo a retomar el trayecto al amparo del sistema BSL (bloqueo de señalización lateral).

Para ese momento, la formación de Renfe circulaba a escasos 25 kilómetros de distancia del tren de la firma Iryo, que se hallaba completamente detenido en las proximidades de la estación de Urda, en la provincia de Toledo. Pese a la cercanía entre ambas unidades, el operador de tráfico autorizó que el convoy continuara con velocidad ordinaria. La revisión del diálogo radial expone la confirmación expresa de la maniobra:

—¿Con marcha normal? —consultó el maquinista del AVE para ratificar la indicación recibida.
—Sí, con marcha normal —respondió afirmativamente el operador de Atocha.

Incumplimiento de los protocolos de seguridad

La directiva de proseguir con la velocidad habitual contravino directamente los procedimientos operativos estipulados para incidencias de este calibre. Según señalan las normas de seguridad ferroviaria, cuando una formación debe avanzar tras desconectar el sistema primario y operar bajo el amparo de BSL, el maquinista tiene la obligación estricta de circular bajo la modalidad de «marcha a la vista».

Este procedimiento preventivo demanda la aplicación rigurosa de dos parámetros fundamentales:

  • Límite estricto de velocidad: El convoy debe reducir su marcha y no sobrepasar jamás los 40 kilómetros por hora, permitiendo una capacidad de frenado inmediata ante la aparición de cualquier obstáculo sobre la vía.
  • Comprobación de distancia mínima: Antes de autorizar la reanudación del recorrido, el centro de control debe comprobar fehacientemente que la formación precedente se encuentre ubicada a más de 30 kilómetros de distancia.

Tal como confirma la desgrabación de las comunicaciones, esa verificación de distancia jamás se concretó, ignorando que el tren que iba adelante estaba a tan solo 25 kilómetros e inmóvil.

Las advertencias desatendidas del tren Iryo

Apenas cinco minutos después de aquella orden, a las 8:41, la maquinista del tren 6076 de Iryo se comunicó con Atocha para alertar sobre graves desperfectos en su equipo. La conductora notificó que había perdido la transmisión mientras circulaba en BZL y que se encontraba totalmente detenida frente a la señal de entrada de Urda, imposibilitada de continuar la marcha.

Frente a esta situación de riesgo, el operador volvió a sugerir un reinicio técnico: le indicó desconectar y reconectar el sistema para intentar seguir «con marcha normal». Siete minutos más tarde, a las 8:48, la conductora llamó por segunda vez para advertir que el tren continuaba bloqueado y no le permitía restablecer el LZB.

«Vale. ¿Conforme? Pues nada, en cuanto pueda. Y si tiene un problema, ahora nos llama», fue la contestación del controlador ante la imposibilidad de la maquinista de mover la formación.

Esa fue la última instrucción emitida hacia el convoy averiado. Pasados cinco minutos de esa última llamada, a las 8:53, el AVE de Renfe colisionó violentamente desde atrás contra la formación de Iryo que esperaba sobre las vías.

Impacto judicial y consecuencias de la colisión

El siniestro constituye una de las tragedias ferroviarias más graves de los últimos años en la red de transportes de España. La magnitud del impacto movilizó a decenas de equipos de rescate y emergencias médicas hacia la zona toledana para socorrer a los más de 150 heridos, al tiempo que las autoridades consulares prestan asistencia a las víctimas extranjeras, entre ellas la joven Argentina Conte Grand.

Las grabaciones recuperadas forman parte esencial de la instrucción judicial abierta para esclarecer responsabilidades penales. Los peritajes se concentran en evaluar la negligencia de los controladores del centro de Atocha, la falta de verificación de las distancias reglamentarias y las razones técnicas por las cuales no se activaron a tiempo las alarmas de proximidad en la línea de alta velocidad.

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