OPINIÓN | Gobernar con sensibilidad y sentido común

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En un país donde el gobierno nacional decidió acabar con las pymes y los hogares de la argentina a través del congelamiento de los salarios, la caída del consumo y un ajuste nacional que se siente con crudeza en las familias, la gestión pública vuelve a ser una variable central para amortiguar los golpes de la economía real. Cuando el crecimiento no llega, cuando el salario no alcanza y cuando el mercado no reacciona, lo que queda es la intención de gobernar con sensibilidad, previsibilidad y responsabilidad.

Por Aníbal Blasco. La semana económica estuvo signada por el bochorno de la no implementación de la nueva metodología de la medición de la inflación en el INDEC, con eyección de su titular incluida. Entre el ministro de Economía Luis Caputo y el Jefe de Gabinete Manuel Adorni brindaron versiones contradictorias, pero dejaron en claro que la orden de continuar utilizando una canasta de consumo de hace más de 20 años la dio el presidente Milei y que recién se actualizará cuando la inflación baje a cero.

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Es moneda corriente, parte del paisaje cotidiano argentino, el cierre de empresas, los despidos masivos, las suspensiones de trabajadores. No obstante, el gobierno rubricó un acuerdo comercial con los Estados Unidos donde Argentina asume 113 obligaciones y el país del norte solamente 2. Una entrega absoluta que deja al pacto Roca-Runciman como un juego de niños.

Finalmente, otro acuerdo sellado con los Estados Unidos fue el de minerales críticos, entre los que se encuentran recursos como litio, cobalto y tierras raras, insumos fundamentales para la industria tecnológica y energética.

El daño a la credibilidad de las estadísticas públicas puede complicar la relación con el FMI -dado que el organismo exigía la implementación de una nueva canasta de consumo- y ya tuvo repercusiones negativas en el campo financiero. Mientras que los acuerdos con EEUU parecen más a un cobro del salvataje que realizó el Tesoro norteamericano el año pasado que a asociaciones virtuosas para Argentina.

La actividad económica estancada, los magros salarios, el cierre de empresas, jubilaciones miserables no figuran en la agenda gubernamental. Aunque sí hubo tiempo para la creación de un símil Ministerio de la Verdad y Toto Caputo dejó una apreciación sobre la industria textil que habla más de su propia persona que de la situación sectorial cuando dijo “nunca me compré ropa en argentina”.

Es en este contexto que Misiones debe actuar, brindar respuestas y soluciones. Quienes son los rostros visibles de esta tarea son el gobernador Hugo Passalacqua y el intendente de Posadas Leonardo “Lalo” Stelatto. Ambos, junto a otros intendentes de la provincia, sostienen una gestión intensa, cotidiana y territorial, pensada explícitamente para aliviar a la gente en un contexto nacional que no acompaña.

El gobernador Passalacqua aplica la premisa cuidar el bolsillo sin poner en riesgo el equilibrio.  Si fuera un funcionario del gobierno nacional o un ministro habría eliminado hace tiempo el Boleto Estudiantil Misionero, pero la noticia en Misiones es la contraria a la crueldad y la apatía que acostumbra Javier Milei. En las últimas semanas volvió a quedar en evidencia con la apertura de la inscripción al Boleto Estudiantil, garantizado desde el inicio del ciclo lectivo 2026 para todos los niveles educativos. Lo que lo convierte en una política concreta que impacta de lleno en miles de familias que hoy cuentan cada peso para llegar a fin de mes, en donde la Educación y transporte se consideran dos variables sensibles que el gobierno entiende que hay que resolver con previsibilidad, suficiencia y anticipación.

El mismo criterio aparece en la política fiscal. En un escenario donde los impuestos nacionales pesan cada vez más y los ingresos no crecen, Misiones sostiene descuentos de hasta el 35% en el Impuesto Provincial Automotor, bonificaciones por pago anticipado, exenciones para vehículos antiguos y una moratoria con condonación total de intereses. A diferencia de Nación, que sube cada vez más el pago de monotributos (que aplica a un porcentaje enorme de la argentina en todas sus categorías) al igual que la quita de subsidios, suba de la luz, gas y electricidad desde los generadores nacionales, la provincia actúa en pos de un alivio estructural, diseñado bajo parámetros de responsabilidad fiscal, que reconoce al contribuyente cumplidor y ofrece salida a quienes se atrasaron.

A eso se suman los programas Ahora, en todas sus variantes, entre ellas el Gas, una herramienta que cobra especial relevancia en una provincia que no tiene acceso a la red de gas natural. Mientras el precio de la garrafa en el mercado supera ampliamente los valores accesibles, el Estado provincial sigue garantizando recargas a precio bonificado en toda la geografía misionera. En tiempos de ajuste, el acceso a un servicio esencial deja de ser un dato técnico para convertirse en una política social concreta.

En Posadas, la lógica es similar. La gestión de Lalo Stelatto, reconocida durante más de seis años consecutivos entre las mejores del país por distintos estudios y consultoras, sostiene un modelo de cercanía y servicios en un contexto adverso. La ciudad mantiene niveles de actividad turística estables, con crecimiento interanual moderado, una agenda cultural activa y espacios públicos que funcionan como motor económico y social. Todo está sujeto a una planificación urbana, inversión sostenida y gestión eficiente. El municipio también profundiza su presencia en los barrios. Los operativos integrales de salud, los trabajos de prevención contra el dengue, la atención primaria descentralizada y la vacunación en territorio muestran una concepción clara: cuando la economía aprieta, el Estado debe estar más cerca, no más lejos. Esa cercanía no se declama, se practica.

En este contexto, vale una afirmación que atraviesa a toda la política misionera, el misionerismo es previsibilidad, responsabilidad y continuidad. No es un experimento ni una apuesta al vacío. Es un modelo que se sostiene en hechos y resultados visibles, que siguen vigentes y activos.

Ahí están el desendeudamiento provincial y el equilibrio fiscal sostenido, que permiten tomar decisiones sin hipotecar el futuro; el Boleto Estudiantil, que sigue garantizando igualdad de oportunidades; los Programas Ahora, que sostienen consumo y comercio local; la Escuela de Robótica y el sistema educativo misionero que preparan a los jóvenes para un mundo que cambia.
La Costanera de Posadas, que transformó la ciudad y su economía, el fortalecimiento del sistema de salud pública, con hospitales de alta complejidad, el PET para el tratamiento del cáncer y el robot Da Vinci, que colocan a Misiones en estándares médicos de primer nivel. Todo eso es gestión en tiempo presente. Es política pública funcionando mientras la economía nacional ha decidido acabar con la microeconomía de las pymes y hogares, el consumo cae y las promesas abstractas de libertad no se traducen en crecimiento ni en progreso concreto para la mayoría.

En tiempos difíciles, gobernar no es ensayar teorías. Es administrar con sensibilidad, sostener lo que funciona y estar donde el mercado no llega. En Misiones, esa elección está clara.

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