Luis Medero, campeón con Boca y San Lorenzo: el duro impacto del retiro, sus vivencias con Maradona y el anhelo de volver a dirigir

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El paso del protagonismo absoluto al silencio cotidiano representa uno de los desafíos más complejos para los deportistas de alto rendimiento cuando deciden poner punto final a sus trayectorias profesionales. Luis Medero, recordado zaguero central que supo consagrarse campeón tanto con la camiseta de Boca Juniors como con la de San Lorenzo de Almagro, reflexionó abiertamente sobre ese proceso de transición y el impacto emocional que conlleva el retiro de las canchas.

Radicado actualmente en la provincia de Santa Fe y a la espera de una nueva oportunidad laboral para conducir técnicamente un equipo —su última experiencia data de hace dos años en Sportivo Dock Sud—, el exfutbolista rememoró los momentos de zozobra anímica que experimentó tras dejar la actividad formal y cómo logró reinventarse dentro del ecosistema futbolístico.

“Vos cuando dejás de jugar, al otro día ya no te llamó nadie más. Salvo tus amigos de siempre. Pero no te llama nadie más. Entonces, vos sentís un vacío muy grande”.

El impacto del día después y el proceso del retiro

Para Medero, la desvinculación definitiva del fútbol en calidad de jugador trajo consigo un golpe anímico imprevisto. A pesar de que los futbolistas suelen proyectar el final de sus carreras debido al paso del tiempo o el desgaste físico, el impacto de la desocupación inmediata suele ser abrumador.

El exdefensor reconoció que no había desarrollado actividades comerciales paralelas durante su juventud, situación que profundizó la sensación de incertidumbre tras el retiro:

“Me agarró un bajón anímico en realidad, porque tampoco tenía otra ocupación. No fui preparando el terreno tampoco como para tener otra ocupación fuera de lo que el fútbol es como un negocio (…). De ser alguien reconocido, pasás a que no te llamen por teléfono, al anonimato, a estar en tu casa todo el día, y eso es bravo”.

La contención de su círculo íntimo y de excolegas resultó determinante para superar ese trance. La oportunidad de iniciar su camino como director técnico en la Comisión de Actividades Infantiles (CAI) de Comodoro Rivadavia, en la Primera B Nacional, significó el puente necesario para procesar el cambio: “Tenés que cambiar la cabeza, dejar de ser jugador en tu cabeza para poder ser entrenador”, subrayó.

Inicios en La Boca y debut consagratorio en 1992

Criado en el humilde barrio Mitre de Villa Tesei, en Hurlingham, Medero se incorporó a las divisiones infantiles del Club Atlético Boca Juniors a los 10 años. Tras una breve experiencia a préstamo en el fútbol suizo defendiendo los colores del Bellinzona FC con apenas 17 años, retornó a la entidad de la Ribera para integrarse al plantel de Reserva.

Su presentación oficial en la máxima categoría se produjo en 1992, bajo la conducción técnica del uruguayo Oscar Washington Tabárez. Fue nada menos que en un Superclásico frente a River Plate en La Bombonera, que culminó con triunfo xeneize por 1 a 0 gracias al recordado tanto de Sergio Martínez. Con 19 años y ante la lesión imprevista de Juan Simón, el juvenil zaguero integró una alineación repleta de referentes históricos como Blas Giunta, Alberto Márcico, Víctor Marchesini, Carlos Tapia y Carlos Fernando Navarro Montoya, culminando ese torneo con la obtención del Torneo Apertura 1992.

Dentro de su ciclo en la institución boquense, sobresale asimismo su recordada anotación ante Platense, una maniobra individual donde eludió a cuatro adversarios y que pasó a la historia grande de la televisión argentina por el relato de Marcelo Araujo, quien abandonó circunstancialmente la cabina de transmisión maravillado por la jugada.

La convivencia con Diego Armando Maradona y el aprendizaje táctico

A lo largo de sus cuatro temporadas en el primer equipo de Boca Juniors, Medero compartió vestuario con figuras de renombre internacional. Promediando la década del noventa, coincidió con el regreso de Diego Armando Maradona, la presencia de Claudio Paul Caniggia y la llegada de promesas como Juan Sebastián Verón y Cristian González.

“Diego y Caniggia, imagínate, era disfrutar todos los días, era maravilloso todo, la exposición que había. Ellos aparte absorbían toda la presión que podía haber, porque es así. Iban todos con ellos, la verdad que en esa época disfruté mucho del vestuario, de los partidos, de todo, de cada entrenamiento”.

De aquella etapa guarda como reliquia una camiseta del astro argentino utilizada en competencia, la cual consiguió directamente de la utilería. A nivel de conducción, Medero tuvo el privilegio de ser dirigido tanto por Carlos Salvador Bilardo como por César Luis Menotti, evitando profundizar en la clásica antinomia que divide a ambos entrenadores campeones del mundo:

“Los dos son ganadores y fueron técnicos que marcaron el rumbo futbolístico de nuestro país (…). Fueron adelantados en su época y han ganado mundiales. Entonces yo no entro en esa discusión. No me gusta cuando se los confronta”.

La consagración continental en Boedo y la actualidad del fútbol

Tras un fructífero paso por Colón de Santa Fe, el defensor desembarcó en San Lorenzo de Almagro en 2001 para suplir la partida de Eduardo Tuzzio. Pese a padecer una compleja lesión que lo marginó durante siete meses de los campos de juego, Medero integró el ciclo comandado por el chileno Manuel Pellegrini y posteriormente fue parte del plantel que alzó la Copa Sudamericana 2002 bajo las órdenes de Rubén Darío Insúa.

Al evaluar la figura del entrenador azulgrana y su vigencia, Medero remarcó la simpleza en el manejo de grupo como factor clave:

“Es un gran entrenador. Tipo sencillo, muy conocedor de nuestro fútbol (…). Eso te demuestra que en el fútbol no hay que inventar nada, hay que ser sencillo y aplicar la capacidad que tiene cada uno. Y después, tener la materia prima que son los jugadores para que lleven a cabo una idea”.

Con el curso de director deportivo recién finalizado y la mirada puesta en reincorporarse al circuito profesional de directores técnicos, Medero sostiene intacto el deseo de permanecer ligado a la disciplina que transitó desde su infancia, reafirmando que la pertenencia al fútbol constituye una vocación que no se extingue con el paso de los años.

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