Opinión | Discurso de la intolerancia

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Por Nicolás Marchiori. En la Argentina, nunca fue fácil ser periodista. Nadie pudo escapar a la visión maniquea que siempre tuvo el poder sobre los trabajadores de la prensa: si hablás de algunos sos un ensobrado y si hablás de otros sos un operador golpista. Hasta ahí no estamos diciendo nada nuevo, muchos hasta lo consideran “gajes del oficio”. Lo que preocupa sobremanera es que desde un tiempo a esta parte, la escalada de violencia desde las más altas esferas del poder político contra el periodismo ha alcanzado un nivel inaceptable. La desinformación, los ataques personales y los discursos cargados de odio se multiplican y muchas veces con el aval directo del presidente Javier Milei. Así, lo que antes podía interpretarse como una estrategia de provocación hoy se ha transformado en una forma sistemática de hostigamiento que busca silenciar, disciplinar y destruir.

A diario, cada vez más periodistas sufren insultos, burlas y violencia. Decimos que preocupa sobremanera porque lo que está en juego no es solo la integridad de quienes informan, sino el derecho de toda la sociedad a recibir información libre y plural.

Desde Aministía Internacional vienen advirtiendo sobre el peligro de estos discursos. Sostiene que no se trata de “exabruptos” aislados, sino que se trata de una retórica de odio que se legitima desde el poder institucional y que, como muestran sus informes, puede tener consecuencias reales: censura, miedo, autocensura y hasta violencia física. Y advierten que “cuando el Estado no protege, sino que agrede, se rompe el pacto básico de una democracia saludable”.

En este contexto, el hostigamiento digital y el desprestigio sistemático no pueden ser naturalizados. Y mucho menos cuando provienen de quienes deberían garantizar un debate respetuoso y equilibrado. Por eso, frente a la violencia, debemos redoblar nuestro compromiso con la libertad de expresión, con el periodismo, y con quienes se animan a seguir hablando, aún en este contexto.

“No odiamos lo suficiente a los periodistas” es la síntesis del discurso de la intolerancia que promueve La Libertad Avanza desde el presidente Javier Milei para abajo.

La última semana fue realmente nefasta para la vida democrática: el presidente apuntó contra decenas de medios y cronistas a los que acusó de conspirar, mentir y extorsionar. Como en sus tiempos de mayor agresividad, recurrió a insultos, menciones escatológicas, acusaciones sin pruebas y el uso sistemático del eslogan al que ya hicimos referencia. Triste y repudiable.

Un relevamiento de su cuenta de la red social X refleja que reprodujo 335 mensajes contra la prensa entre el lunes 17 y el domingo 23 de agosto, escribió otros 26 textos propios y aludió 21 veces al periodismo, siempre con tono despectivo, en los dos discursos y la entrevista que dio entre el jueves y el sábado. En ese período de tiempo apuntó a 16 periodistas con nombre y apellido y cuestionó a al menos 9 empresas de comunicación.

En casi todos los casos acusó a los medios y profesionales de difundir información falsa para instalar la idea de que hay malestar social por la situación actual de la economía, el freno del consumo y la mora bancaria, temas que Milei niega pesa a que lo reflejan las estadísticas del propio Gobierno.

 Entre los medios cuestionados en los mensajes que difundió Milei figuran La Nación, Clarín, Infobae, Perfil, El Destape, Crónica TV, LN+, TN y C5N.

En su discurso ante el Council of the Americas fue lapidario con la prensa. Habló de “periodistas corruptos, mentirosos, ensobrados, sicarios del periodismo”, “seres muy precarios intelectualmente”, “simios con micrófono”, “imbéciles”, y “la basura de los periodistas”. También acusó a casi todos los medios de comunicación de trabajar “para voltear al Gobierno”.

Ese día a los cronistas se les impidió entrar al salón del Hotel Alvear donde Milei dio su discursos. El funcionario a cargo del área audiovisual del Gobierno, Santiago Oría, intentó desmentir la existencia de trabas a la cobertura periodística con un video en que muestra cómo se instalaron pantallas en los pasillos para que la prensa pudiera escuchar el discurso, es decir, con las mismas condiciones que cualquier persona que lo hubiera seguido por televisión.

Milei reforzó lo expresado en su discurso con un mensaje adicional en sus redes: “He visto pasar una gran cantidad de recortes con la opinión de periodistas corruptos ensobrados muy enojados con mi charla ayer. No sólo que no me sorprende, sino que me halaga ver que les haya molestado tanto mostrar como mienten y lo que lo alteran los datos duros. CIAO!”, escribió.

Al día siguiente en Rosario, insistió con sus ataques. Habló de “operadores baratos”, “medios cómplices de los que quieren que a la Argentina le vaya mal”, “odiadores de los datos” y continúo repitiendo los insultos de los días anteriores.

En una entrevista con el relator de fútbol Gabriel Anello en Radio Mitre, retomó su discurso de la intolerancia: “si yo hiciera caso a las estupideces que dicen los periodistas, el país estaría incendiado ya 10 veces. Son tan hábiles para criticar cuando en realidad se la pasan mintiendo todo el tiempo, no hacen bien su trabajo y critican el trabajo de otro”, dijo. Seguidamente intentó instalar el relato de “el corte de la pauta” como el origen de las críticas a su gobierno. “El 95% del periodismo son escritores de ficción frustrados, entonces escriben cualquier estupidez todo el tiempo”, agregó.

Posteriormente volvió a la carga desde sus redes “Entiendo que me odien. Me odian porque les corté la pauta. Me odian porque dejé en evidencia ante la sociedad que son corruptos, sucios, mentirosos. Entiendo que me odien porque son de izquierda”, escribió en su cuenta de X.

La ola de insultos suscitó un repudio de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA): “Desmentir, aclarar, criticar, cuestionar y discrepar son herramientas legítimas del debate público . La agresión y el insulto lo degradan y enrarecen”, expresaron.

La semana pasada, este preocupante presente sumó otro bochornoso capítulo en una actividad con alumnos del colegio ORT, en donde Milei fue invitado a participar de una charla sobre Inteligencia Artificial para los alumnos del secundario, pero mutó rápidamente en un acto político, donde el presidente apuntó contra sus detractores, agitó el descontento hacia los medios y desplegó su habitual mirada mística de la economía.

Durante los 40 minutos que tuvo la palabra, Milei dejó la agenda tecnológica archivada y se dedico a destilar su habitual odio. Lejos de suavizar el tono por estar frente a menores de edad, fue a fondo contra la dirigencia opositora y contra el periodismo.

Las críticas no tardaron en llegar, el ex director del reconocido colegio ORT Adrián Moscovich, fue tajante: “nuestra institución no es el lugar para ir a calificar de satánico a quien piensa diferente”, cuestionó. “Yo lo voté porque quería el cambio, pero no profundice la brecha”, pidió el ex directivo a Milei.

 

Misiones no escapa al odio contra el periodismo

En nuestra provincia también se observa lo que pareciera convertirse, peligrosamente, en un clima de época implantado por la intolerancia libertaria. Los ataques de Milei traspasaron los límites de la frontera de la Tierra Colorada: el periodista Luis Huls fue tratado de “sorete” por el mismisimo Presidente de la Nación.

Huls explicó el contexto en el que se dio la agresión en una charla con Ariel Sayas en su programa de Radio News: “nosotros en el diario Misiones Opina publicamos el miércoles una nota que decía que un preso por contrabando de soja se sumaba a La Libertad Avanza en Oberá. Estaba un ex subcomisario que fue detenido en una causa federal por contrabando en la foto abrazo con Diego Hartfield, sumándose a La Libertad Avanza en Oberá y posiblemente candidato en dicha ciudad el año que viene ”.  Y agrega que le llegó el comentario de que esa nota enojó muchísimo al diputado Hartfield: “lo escucharon a las puteadas, porque consideró que lo exponía de una manera que a él no le gustó para nada”.

La cuestión fue más allá según el relato del propio Luis Huls: “después del anuncio de Luis Caputo de financiar a los bancos para que entreguen créditos hipotecarios, publico un tweet donde digo ‘Caputo acaba de lanzar un plan platita con plata de los jubilados, cualquier parecido a las medidas que tomó Sergio Massa es casualidad o no’, y pongo un dato de calor: ‘estamos a un año de las elecciones’. A lo que Diego Hartfield, lo cita en X e intenta dar una explicación en tono agresivo tratándolo de ignorante al final de su posteo. Ese mensaje fue retweeteado por Milei con el texto “ATENDIENDO A SORETES. HERMOSO! CIAO!”.

Hasta el momento, el diputado libertario Diego Hartfield no se expresó al respecto, por lo que el periodista sostiene que “el que calla otorga. Si Diego Hartfield no dice nada sobre lo que expresó el presidente Milei, está avalando y demostrando lo que piensa de la prensa”.

Este no es el único exabrupto que tiene Hartfield en su haber contra el periodismo: por el mismo tema arremetió contra el periodista obereño Daniel Villamea en un video publicado en sus redes sociales que luego fue borrado.

El año pasado, durante la campaña electoral también acusó a Misiones Online de usar una entrevista malintencionadamente con el fin de dejarlo mal parado sacando de contexto sus declaraciones. El detalle es que esa entrevista fue transmitida en vivo por el medio cuestionado por el libertario.

Pero el ataque al periodismo local no se reduce a Diego Hartfield. La semana pasada el diputado Ramón Amarilla fue invitado a una entrevista en vivo en Misiones Online. En un pasaje de la misma, el ex policía minifestó que “Misiones se encuentra 24, en una tabla de 24 provincias respecto al tema de los salarios más bajos del país”. La afirmación no pasó desapercibida y el periodista Tiki Lovera le consultó de dónde sacaba esos datos, agregando que a los periodistas se les exige tener rigor con las fuentes y el chequeo de información porque sino se estaría hablando de datos sin ningún tipo de sustento, a lo que el diputado Amarilla respondió que era de un informe y que no tenía mayores detalles porque había dejado la carpeta con los datos adentro de su auto.

Posteriormente, el periodista de Misiones Online fue atacado en redes sociales por partidarios de Amarilla quienes lo tildaron de “ensobrado”.

Este cuadro de situación nos lleva a una serie de preguntas: ¿el periodismo es bueno cuando es complaciente con los políticos y es malo cuando interpela?. Si el periodismo local recibe este nivel de ataques por políticos que aún no llegaron al poder, ¿qué pasará si algún día les toca gobernar?

El panorama actual es por demás complejo, la visión maniquea del periodismo, potenciada por los discursos de intolerancia no deben soslayarse. La sociedad no puede mirar para otro lado, porque la libertad de expresión y el deber de información son pilares fundamentales de la vida democrática.

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