El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, visitó la ciudad de Posadas, en Misiones, para desarrollar una agenda institucional junto al Gobierno provincial. Durante su recorrido, combinó gestión, producción, educación y política, y dejó definiciones que marcan su posición frente al escenario nacional.
La visita incluyó la Biofábrica y la Escuela de Innovación, experiencias que elogió.
La cuestión yerbatera ocupó un lugar central en su análisis económico. Kicillof trazó un paralelo entre los productores misioneros y las economías regionales bonaerenses afectadas por la caída del consumo.
Cuestionó directamente la política nacional aplicada sobre el Instituto Nacional de la Yerba Mate, recordando su paso como ministro de Economía de la Nación.
El mandatario sostuvo que, en cadenas productivas con fuertes asimetrías, el Estado debe intervenir para equilibrar el poder entre los actores.
“Si no se determina un precio que permita distribuir al interior de la cadena a quién le va una parte del ingreso, obviamente el que sufre es el que menos poder tiene”, afirmó. Sus dichos apuntan a la desregulación del sector.
Kicillof planteó que la desregulación no elimina las relaciones de poder, sino que fortalece al actor con mayor capacidad de negociación. “Cuando uno la ve en concreto, se trata de que el Estado se corra y entonces quede una especie de imperio del más fuerte”, expresó.
Usó como referencia la caída del precio de la hoja verde, que calificó como un desastre para el sector.
Según relató tras conversar con el gobernador Hugo Passalacqua, dos años atrás los productores reclamaban alrededor de 505 pesos por kilo, mientras que actualmente reciben cerca de 250 pesos. Esa evolución fue calificada por Kicillof como de “desastre” para el sector yerbatero.
La comparación sirvió para graficar el impacto de las medidas nacionales en la actividad.
La definición económica más fuerte de la conferencia apareció cuando Kicillof cuestionó la idea de que la Argentina pueda exhibir buenos indicadores macroeconómicos mientras empresas, trabajadores y consumidores atraviesan dificultades. “¿Qué es la macro si no la suma de todas las micro?”, preguntó.
Y agregó: “No puede haber una macro bien y una micro toda mal. Y la micro es la vida de la gente”.
Desde esa perspectiva, rechazó la tesis de que el deterioro del consumo y de la producción sea una etapa transitoria necesaria para alcanzar una recuperación.
Según Kicillof, el esquema económico combina salarios deprimidos, atraso cambiario, tasas de interés elevadas, energía cara y apertura importadora, factores que afectan a las familias y al aparato productivo.
El gobernador mencionó como resultado de ese proceso la pérdida de 411.000 puestos de trabajo y el cierre de 30.000 empresas desde el inicio del actual Gobierno nacional.
Utilizó esas cifras para argumentar que la crisis ya atraviesa al sector privado que la desregulación prometía beneficiar, generando un fuerte impacto en la economía real.
Para explicar su cuestionamiento al programa antiinflacionario recurrió a una referencia a John Maynard Keynes.
Sostuvo que reducir la inflación mediante la contracción de la actividad, el crédito y el consumo puede generar una aparente estabilidad, pero comparó ese resultado con “la paz de los cementerios”, una economía donde los precios se desaceleran porque la actividad está paralizada.
Kicillof extendió el diagnóstico desde Misiones hacia el resto de las provincias. Mencionó problemas en las economías regionales, la industria forestal, la construcción y las exportaciones. Puso como ejemplo al té misionero, cuya competitividad atribuyó también a las condiciones cambiarias, y advirtió que los problemas se reproducen en otras provincias.
Su argumento fue que los problemas que observa en Misiones se reproducen, con diferentes actividades, en Buenos Aires, Chaco, Corrientes y otras provincias. “Este modelo no le sirve a nadie”, resumió al referirse al deterioro industrial. La afirmación surgió después de describir cierres fabriles en pequeñas localidades del interior bonaerense.
El gobernador señaló que Buenos Aires concentra aproximadamente la mitad de la industria argentina, por lo que el impacto de las políticas nacionales tiene un efecto directo en su distrito.
La relación con Brasil fue otro de los puntos utilizados para diferenciarse de la política exterior del Gobierno nacional, marcando una postura crítica sobre el vínculo regional.
Kicillof sostuvo que la política internacional debe organizarse alrededor de los intereses económicos y estratégicos argentinos y no de afinidades ideológicas personales entre presidentes. “No estoy de acuerdo con pelearse con Brasil”, afirmó.
Aclaró que su planteo excede su relación con Luiz Inácio Lula da Silva: “El problema es qué hace Argentina sin Brasil”.
Cuestionó además que las diferencias políticas entre gobiernos puedan deteriorar la relación con el principal socio regional de la Argentina. La visita tuvo inevitablemente una lectura electoral. Consultado sobre una eventual candidatura presidencial en 2027 y posibles acuerdos políticos con sectores misioneros, Kicillof evitó confirmar cualquier postulación.
“Las dos cosas son prematuras”, respondió. Definió 2026 como “un año para construir” y sostuvo que una candidatura individual no debería anteponerse a la conformación de una alternativa política. La definición permite observar, sin embargo, el tipo de construcción que propone para el espacio opositor.
Kicillof planteó que el espacio opositor debería trascender las fronteras tradicionales del peronismo e incorporar dirigentes y sectores provenientes de diferentes tradiciones políticas.
“No quiero anteponer ni una candidatura ni una campaña electoral a una construcción que tiene que ser desde abajo y desde las provincias”, sostuvo, marcando su estilo de armado territorial.
Más adelante profundizó esa idea. Consideró que todavía es temprano para determinar frentes y candidaturas y propuso reemplazar por ahora esa discusión por “una convocatoria más amplia”. En esa construcción enumeró expresamente a estudiantes, investigadores, jubilados, productores e industriales, además de las distintas expresiones políticas.
Kicillof también se pronunció contra la eliminación de las PASO nacionales. Interpretó la iniciativa oficial como parte de una estrategia política vinculada con la reelección de Javier Milei y sostuvo que las primarias podrían funcionar como una herramienta para organizar una oposición más amplia, ordenando las alternativas internas.
El gobernador bonaerense afirmó que todavía no está definido si su espacio utilizaría las PASO, pero consideró incorrecto eliminarlas anticipadamente. Según su lectura, las primarias podrían permitir ordenar distintas alternativas dentro del peronismo o incluso de una coalición que lo exceda, ampliando el espectro opositor.
Uno de los datos económicos más concretos de la jornada surgió en la Biofábrica de Misiones.
La provincia profundizará la transferencia de biotecnología hacia Buenos Aires mediante la instalación de un Phytolab destinado al desarrollo y multiplicación de kiwi en Miramar, una nueva expresión de la capacidad misionera para exportar conocimiento.
Kicillof destacó especialmente esa experiencia. Recordó que Buenos Aires ya trabaja con tecnología desarrollada en Misiones y señaló que existen proyectos vinculados con Mercedes y Miramar.
La experiencia bonaerense utiliza conocimiento y manejo transferidos desde la Biofábrica misionera para trabajar con especies nativas y producciones como alcaucil, batata, bromelias y kiwi.
Para el mandatario bonaerense, además, el modelo constituye una demostración del papel que pueden desempeñar el Estado, las universidades y el sistema científico en el desarrollo productivo.
Vinculó expresamente la tecnología que observó en Misiones con investigaciones del CONICET y de universidades públicas, destacando el trabajo de científicos y técnicos argentinos.
La incorporación del Phytolab amplía esa relación. La tecnología desarrollada por Biofábrica permitirá avanzar en Miramar con herramientas de propagación vegetal y mejoramiento de las condiciones productivas del kiwi, trasladando conocimiento generado en Misiones hacia otra economía regional argentina, consolidando un modelo de cooperación interprovincial.
La operación tiene además un valor simbólico: muestra a Misiones no solamente como productora de materias primas, sino como exportadora de tecnología y conocimiento aplicado al agro. Antes de llegar a Biofábrica, Kicillof recorrió la Escuela de Innovación, otra experiencia que despertó elogios del gobernador por su modelo pedagógico.
Destacó el modelo pedagógico, el protagonismo de los estudiantes y la posibilidad de generar intercambios entre los sistemas educativos de ambas provincias. Según explicó, se llevó ideas para analizar junto con las autoridades educativas bonaerenses y misioneras. Ese recorrido sirvió además para uno de los argumentos centrales de su visita.
Para Kicillof, tanto la Escuela de Innovación como Biofábrica muestran que lo público puede producir conocimiento, experimentar con nuevos modelos y trasladar soluciones concretas hacia la producción. La defensa de la capacidad estatal para innovar fue uno de los ejes de su mensaje en Posadas, Misiones.




