La economía argentina muestra signos de mayor estabilidad, pero el sector industrial advierte que la mejora no se traslada a la mayoría de las empresas.
El economista Diego Coatz, director ejecutivo de Desarrollo Industrial, sostiene que el crecimiento del PBI está concentrado en minería, petróleo y agro.
Estas actividades, según Coatz, representan una porción reducida del empleo total y no logran compensar la pérdida de puestos en otros rubros.
El diagnóstico es especialmente preocupante para las pequeñas y medianas empresas, que enfrentan una combinación letal de factores adversos.
Las pymes lidian con menor consumo, caída del salario real y retroceso del empleo formal, lo que reduce sus ventas.
A esto se suman problemas financieros concretos, como la dificultad para cobrar cheques o acceder al crédito.
El especialista advirtió que este escenario favorece una mayor concentración económica, ya que las firmas con respaldo financiero absorben la demanda que pierden los negocios más chicos.
«La recuperación solo será sostenible cuando llegue a la economía cotidiana de las empresas y los trabajadores», afirmó Coatz.
El economista reconoció que la desaceleración de la inflación y la estabilidad cambiaria representan avances importantes.
Sin embargo, remarcó que esos logros deben estar acompañados por políticas que impulsen el crecimiento de los sectores productivos.
En ese sentido, Coatz cuestionó la apertura comercial en un contexto internacional donde muchos países protegen su industria con subsidios y beneficios impositivos.
Argentina, dijo, enfrenta una competencia desigual frente a productos importados.
El principal problema, aclaró, sigue siendo la debilidad del mercado interno y la falta de recuperación del consumo.
Como alternativa, propuso medidas específicas para fortalecer a las pymes vinculadas a las cadenas de valor de minería, energía y agro.
También sugirió alivio tributario y herramientas de financiamiento para los sectores que generan más empleo.
«Sostener únicamente la estabilidad macroeconómica no será suficiente si continúan deteriorándose la actividad económica y el empleo formal», concluyó el especialista.
Desde el sector industrial insisten en que la mejora macro aún no se refleja en la economía real.
La recuperación sigue concentrada en actividades con escaso impacto sobre el consumo masivo y la generación de puestos de trabajo.
Este diagnóstico llega en un momento de incertidumbre para las pymes de todo el país, que ven cómo sus márgenes se achican mientras los costos operativos no ceden.
La caída del salario real, además, golpea directamente el consumo interno.
El economista advirtió que la situación actual favorece la concentración económica y debilita el tejido productivo.
«El verdadero desafío es que la expansión de actividades estratégicas genere un efecto positivo sobre el resto de la economía», señaló Coatz.
Para lograrlo, consideró necesario implementar políticas activas que incentiven la producción nacional y protejan a los actores más vulnerables del entramado industrial.
La apertura comercial sin contrapartidas, advirtió, profundiza las asimetrías existentes.
Mientras tanto, las pequeñas y medianas empresas siguen esperando señales concretas que les permitan proyectar inversiones y sostener el empleo.
La estabilidad macro, por sí sola, no alcanza para reactivar el motor productivo del país.







