Las motocicletas tiradas sobre el asfalto junto a sus conductores caídos representan una postal cada vez más repetida en las urbes. Las muertes viales de motociclistas se dispararon de manera alarmante y ya conforman casi la mitad de los fallecidos totales durante este año en el país.
Este incremento abrupto se condice directamente con la masiva proliferación de repartidores que trabajan mediante aplicaciones online. Dicha actividad laboral se consolidó como una salida rápida ante la falta de empleo y los bajos salarios vigentes, transformándose en una tarea de alto riesgo diario.
Si se analiza la evolución estadística, el panorama resulta contundente y preocupante para la seguridad vial. En el año 2012, las víctimas fatales que circulaban en ciclomotores y motos representaban el treinta y cuatro por ciento, afectando mayoritariamente a jóvenes menores de veinticinco años de edad.
La situación empeoró drásticamente hacia el año actual, cuando este segmento alcanzó el cuarenta y siete por ciento del total de decesos viales. Incluso, las estadísticas oficiales registraron picos trágicos de hasta el sesenta por ciento de fatalidades en determinadas provincias del territorio nacional.
Con el objetivo de dilucidar las causas profundas de esta problemática, la entidad Luchemos por la Vida realizó observaciones exhaustivas sobre conductas de riesgo. El monitoreo se llevó a cabo en las calles de la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires durante distintos horarios.
Además, los especialistas efectuaron entrevistas individuales con diversos conductores, mayoritariamente trabajadores dedicados al servicio de delivery. El propósito central consistió en indagar sobre sus experiencias cotidianas, profundizar en sus motivaciones al conducir y evaluar el nivel real de percepción del peligro.

El relevamiento territorial permitió detectar múltiples conductas imprudentes que se repiten constantemente entre los motociclistas analizados. Entre las infracciones más comunes observadas figuran circular sin casco protector, realizar maniobras de filtrado riesgosas entre vehículos en movimiento y utilizar teléfonos celulares mientras manejan.
A la lista de comportamientos peligrosos se suman la falta de respeto hacia la prioridad peatonal, la omisión en el uso de luces de giro y la velocidad excesiva. Muchos conductores tampoco aminoran la marcha en esquinas sin semáforos ni se detienen ante la luz roja.
Al ser consultados específicamente sobre la probabilidad de protagonizar un siniestro vial, el noventa por ciento reconoció que el riesgo es alto. Sin embargo, la gran mayoría de los trabajadores prefirió responsabilizar directamente a los automovilistas por la falta de respeto hacia las motocicletas.
Un dato revelador indica que el setenta y cinco por ciento de los encuestados sufrió dos o más accidentes viales durante los últimos dos años. A pesar de esta alta siniestralidad personal, tendían a considerar dichos episodios como inevitables sucesos ajenos a su propio comportamiento al volante.
Los resultados preliminares de esta investigación dejaron en evidencia una escasa percepción del riesgo por parte de los repartidores. Esta peligrosa combinación los impulsa a adoptar conductas imprudentes que ponen en constante peligro su propia integridad física y la de terceros.
Un factor determinante detectado en el estudio es que la totalidad de los entrevistados jamás recibió capacitación formal sobre conducción segura. Un sindicato de mensajeros creó recientemente una aplicación útil para asesorar tras un choque, pero la urgencia pasa por prevenir accidentes viales mediante la educación ciudadana.




