Un estudio de la Universidad Austral reveló una transformación cultural profunda en el país.
En 2015, el 77% de los adultos argentinos deseaba tener hijos, pero hoy ese número se desplomó al 46%.
La investigación, realizada por el Instituto de Ciencias para la Familia, encuestó a 1.028 adultos de todo el territorio nacional.
Los resultados se conocieron en la previa del Día Mundial de la Población y muestran un fuerte giro en los proyectos de vida.
Los datos oficiales respaldan esta tendencia con cifras concretas.
Según la Dirección de Estadísticas e Información de Salud, los nacimientos anuales pasaron de 777.012 a 413.135 en una década.
Eso representa una caída del 47% en la natalidad. Con un promedio de 1,2 hijos por mujer, Argentina ya integra el grupo de países con fecundidad ultrabaja en la región.
El fenómeno no se limita a una cuestión económica o de pareja. El 57,3% de quienes descartan la paternidad afirma que tener hijos no forma parte de sus metas personales.
Ese porcentaje supera a otras razones como la falta de pareja estable o el deseo de viajar. También queda atrás la prioridad puesta en la carrera profesional y los estudios.
Entre los más jóvenes, el cambio es aún más marcado. Solo un tercio de las personas de entre 18 y 34 años asocia la crianza con la realización personal.
La incertidumbre social, política y ambiental también juega un rol clave.
Uno de cada cuatro encuestados que rechaza la paternidad menciona ese contexto como motivo central para no procrear.
Las investigadoras del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad aclaran que esto no implica un rechazo a los vínculos afectivos.
La familia sigue siendo la principal fuente de felicidad para los argentinos.
Lo que cambió, según el informe, es el lugar que ocupa la paternidad en los proyectos de vida.
Dejó de ser una expectativa social compartida para convertirse en una decisión estrictamente individual.
El estudio forma parte de una serie que sigue la evolución de la familia argentina desde el año 2000. Cada edición confirma una tendencia que se acelera con el paso del tiempo.
Los especialistas advierten que esta crisis demográfica tiene consecuencias profundas para el país.
La caída de la natalidad impacta en el sistema previsional, la economía y la estructura social.
Argentina ya no es una excepción en la región, sino que se suma a naciones con fecundidad ultrabaja.
El desafío ahora es entender cómo sostener el desarrollo con una población que envejece.







